Todos en la vida hemos tenido problemas y situaciones difíciles de sobrellevar y creemos que nosotros mismos las podremos solucionar.

     Una mañana en la que me disponía a salir a dejar a mi hija a la guardería antes de irme a trabajar un auto se estampo contra el nuestro arrastrándonos a una distancia de 100 metros, mi hija Stephany cayo golpeándose fuertemente la cabeza sobre el pavimento por no traer puesto el cinturón de seguridad, yo solo sufrí algunos raspones y termine con una pierna enyesada, a mi hija la llevaron de emergencia al hospital hasta que días después falleció a consecuencia del derrame cerebral que le provoco el impacto, me sentía culpable por no haberle puesto el cinturón de seguridad, eran tan solo unas calles, nunca imagine que algo así podría suceder durante el trayecto.

     Todas las noches me reprochaba el hecho de no haber actuado como debía, lloraba desesperada encontrando una respuesta al porque no hice las cosas bien, si al menos le hubiera puesto el cinturón de seguridad todavía estaría aquí conmigo, deje de ir al trabajo y me encerré en mi misma, no quería ni ver ni hablar con nadie, mi dolor era tan grande que pensaba en los reproches de la gente al saber lo sucedido, mi esposo había fallecido hace algunos años víctima de un paro cardio respiratorio mientras jugaba un partido de base ball, me sentía completamente sola y me reprochaba a cada instante lo sucedido con Stehphany de tan solo 4 años de edad.

     Esta situación se me estaba saliendo de control, empecé a beber y a tomar pastillas para poder conciliar el sueño, hasta que me convertí en una alcohólica y una dependiente de las pastillas para dormir. La mayor parte del tiempo me la pasaba en la cama, solo salía a la farmacia y a la licorería a comprar una botella de licor, me veía flaca, desaliñada y sin ganas de nada, en una de esas salidas a la tienda me encontré con mi amiga Liza quien se asusto al ver mi aspecto tan patético, quiso ayudarme pero no se lo permití, le dije que yo podría salir delante de todo esto que solo era cuestión de tiempo.

     El tiempo paso y yo seguía igual, Liza asistía a mi casa 2 o 3 veces por semana pero yo no quería salir de mi depresión, sentía que el mundo se me había terminado por completo y que no tenía ya por quien vivir, los seres que mas amaba en este mundo se me habían ido de las manos y sentía que no tenía ningún motivo para seguir en esta vida que para mí ya no tenía el significado de antes, mi familia era la que me impulsaba a levantarme todas las mañanas y salir adelante, me daban esa fortaleza que hacían que mi vida fuera tan feliz, pero después de mis dos perdidas ya nada me quedaba, para que vivir me decía, para que seguir en un mundo en el que ya no le encuentro el verdadero sentido a la vida. Liza siempre se esforzaba por hacerme salir de la cama y me animaba a buscar ayuda terapéutica, decía que si lo hacia mi vida iba a cambiar y que vería las cosas desde otra perspectiva, pero yo le decía que no necesitaba a nadie que sola podría salir de esta depresión, pero la verdad es que me estaba hundiendo cada vez mas y mas en ella, hasta que un día toque fondo y por poco me muero, el consumo de alcohol aunado a las pastillas para dormir me provocaron una fuerte reacción que me hizo ir a parar al hospital.

     Ahí a Liza le sugirieron que me llevara con la Doctora Smith Psicóloga del pabellón de siquiatría del Hospital Hansson, ella era una de las mejores psicólogas del condado y le dijeron a Liza que me podría ayudar a salir de la depresión en la que me encontraba.

     Estuve asistiendo a terapia 3 días a la semana, ahí la Doctora Smith me escuchaba y me ayudaba a cómo salir de esta depresión. Fueron meses de una recuperación muy difícil, el tratar de asimilar que aunque  yo fui la responsable de lo sucedido la vida sigue y nosotros en ella, me enseñaron a afrontar con valentía mis problemas y a no esconderme detrás de una botella, a ser fuerte y salir adelante a pesar de las adversidades de la vida, me enseñaron también a valorar la vida y a estar en paz conmigo misma. Fueron meses muy difíciles para mí pero al fin entendí que hay que aceptar nuestras culpas y hacernos responsables de nuestros propios actos.

     Al fin pude volver a tener contacto con las personas que me rodeaban, a convivir con mis amigos y a tener de nuevo una vida no como la de antes pero si con una buena calidad.

     Con el tiempo me dedique a dar pláticas de cómo usar el cinturón de seguridad y a contar mi historia para que otras madres y personas tengan la precaución de colocarse el cinturón de seguridad como debe de ser, cosa que yo no hice con mi hija.

Que triste es ver como en un momento y por descuido se nos puede ir la vida, no dejes de ponerte el cinturón de seguridad  aunque solo vayas a varias cuadras de tu casa o del lugar en que te encuentras, un segundo basta para poder perder la vida.

Es increíble como la muerte cambia nuestras vidas.

Cinturon de seguridad

 

Hasta el próximo domingo  peque

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