Que sería de la vida si nosotros no estuviéramos aquí, si la gente que nos rodea no estuviera, sin esos buenos y malos momentos que nos han hecho pasar, sin las personas que se han ido de nuestra vida, unas porque fallecieron y otras porque así lo quiso el destino.

     La paradoja de la vida nos enseña que debemos valorar a cada una de las personas con las cuales convivimos todos los días, nuestra familia, amigos de toda la vida, del trabajo y hasta aquellos servidores públicos que amablemente hacen día a día su trabajo lo mejor que pueden.

     Cada uno de ellos nos deja un recuerdo, los cuales vemos atesorando y guardando en un vagón llamado el tren de los recuerdos. Existen momentos que con tan solo acordarnos nos hacen reír hasta doler la barriga, otros que basta con cerrar los ojos nos hacen derramar algunas lágrimas; pero sobretodo existen momentos en los cuales queremos retroceder el tiempo y volver a vivir, esos instante tan maravillosos que nos hicieron saltar de alegría.

El tren de los recuerdos

     El tren de los recuerdos, ese tren que quedo un día varado en esa estación, esperanzado en seguir guardando recuerdos que serán lecciones aprendidas en nuestra vida, ese tren en el cual mil veces me subí y mil veces disfrute, ahora está lleno de recuerdos buenos y malos, alegres y no tanto, pero al fin recuerdos que nos dejaron marcados con alguna enseñanzas que nos hacen valorar mejor la vida.

     Tal vez hay en el tren recuerdos dolorosos que es imposible dejar de recordar porque son parte de nuestro pasado, de todo lo aprendido, pero ahí están guardados en cada uno de esos vagones que nosotros vamos construyendo con nuestras acciones o con las acciones de otros. Recuerdos también felices, porque la vida está llena de buenos y malos momentos que sin ellos no valdría la pena vivirla.

     Súbete al tren de los recuerdos y disfruta de los maravillosos momentos vividos una y otra vez.

 

Hasta el próximo domingo.      peque

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